La ética del trabajo

 

agosto de 2012

La Palabra de Dios expresa que el trabajo es un bien moral; que es honorable. En el principio mismo, Dios puso al hombre en el huerto para trabajar.

Génesis 2:8,15:
Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.
Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara
[lo trabajara y que sirviera en él] y lo guardase [lo protegiera y lo preservara].

Dios pudo haber hecho cada planta y árbol y hierba para que fuera auto-suficiente, sin necesidad de cuidado alguno de parte del hombre; pero no lo hizo. Él puso a Adán en el huerto de Edén y dijo: «Ve a trabajar. Manténte ocupado tomando cuidado de este huerto y haciéndolo producir». Dios planificó que el hombre trabajara. Ser capaz de trabajar es un gozo y privilegio maravilloso y es una necesidad para el hombre.

Como creyentes renacidos, queremos ser el arquetipo de los que tienen una fuerte ética del trabajo. Por definición, «ética del trabajo» es creer que el trabajo es un bien moral. Es creer que el trabajo es capaz de mejorar el carácter.

En Colosenses 3, encontramos una maravillosa exhortación acerca de cómo trabajar:

Colosenses 3:23,24:
Y todo lo que hagáis, hacedlo
[trabájalo] de corazón, como para el Señor y no para los hombres;
sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.

Todo buen trabajo es honorable; así que ponemos todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza en nuestro trabajo. Dios nos instruye que todo lo que hagamos, lo hagamos de corazón. Hemos de hacerlo con toda nuestra fuerza:

Eclesiastés 9:10:
Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.

Aquí «fuerzas» es poder y vigor. La palabra «hacer» usada en este versículo significa trabajar o laborar. Cualquier buen trabajo que encontremos para hacer, hemos de trabajarlo con fuerza, poniendo todo nuestro esfuerzo física y mentalmente en nuestras labores.

Ya sea que trabajemos para un compañero cristiano o para un jefe seglar, hacemos bien nuestros trabajos y ponemos todo nuestro esfuerzo, porque sabemos que al fin y al cabo trabajamos para Dios y servimos a nuestro Señor Jesucristo. La esencia de nuestra ética del trabajo es el servicio, no la ganancia financiera primordialmente. Los que creen en el Dios verdadero con una fuerte ética del trabajo tienen mucho que ofrecer a sus jefes.

Considere a José en el Antiguo Testamento. Él fue un creyente quien fue tomado cautivo en una nación pagana, Egipto. Eventualmente terminó trabajando para un jefe pagano, el rey de Egipto. Pero eso no lo detuvo de dar un día de trabajo honesto con todo su corazón. A causa de su fuerte ética del trabajo, su servicio y su posición firme por Dios, él salvó a Egipto (y a los hijos de Israel) de un hambre terrible e hizo que las riquezas del mundo se desbordaran sobre Egipto para su jefe (Génesis 37—41).

Mientras trabajamos para un jefe, queremos ayudar a alcanzar los objetivos de su negocio, compañía u organización de servicio, mediante nuestra labor fiel y de corazón.

Consideremos sólo algunas de las maneras cómo podemos servir a un jefe, que ayudarán a contribuir a su beneficio general.

VIVIR HONESTAMENTE

Romanos 12:17:
...procurad lo bueno delante de todos los hombres.

Así sea en el lugar del trabajo o en la casa, vivimos honestamente. Respetamos y llevamos a cabo las normas y los procedimientos de la compañía. Como trabajadores, manejamos nuestros negocios personales en nuestro tiempo personal. Y nuestras conversaciones y comportamiento reflejan la Palabra que tenemos en nuestro corazón.

SER OBEDIENTE

Colosenses 3:22:
Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo
[respetando] a Dios.

Nuestra ética del trabajo es poner nuestro mejor esfuerzo por respeto a Dios, sabiendo que todo buen trabajo es honorable. Como empleados, seguimos las instrucciones dadas y usamos sabiduría para llevar a cabo ese trabajo que se nos solicitó hacer. Procuramos realizar una tarea o un trabajo exactamente como se nos pidió, y luego podemos dar aún más, si es apropiado. Hacemos nuestro trabajo con consideración para nuestro jefe y sus objetivos.

SER FIEL Y CONFIABLE

I Corintios 4:2:
Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel.

Un administrador es uno que maneja los asuntos de otro, tales como propiedades, finanzas y bienes. Los buenos administradores son fieles, responsables, confiables, dedicados y leales. Ellos dicen lo que quieren decir y quieren decir lo que dicen. Como empleados, queremos que cuenten con que llegaremos habitualmente cada día a la hora pautada, que llevaremos a cabo nuestras tareas asignadas sin que nos tengan que recordar, que reportaremos fielmente cuando un trabajo esté culminado. Ser concienzudos en nuestro servicio produce bendiciones para nosotros y nuestros jefes.

TENER UNA BUENA ACTITUD

Y, por supuesto, siempre es un punto a favor tener empleados que tengan una buena actitud. Podemos ser gozosos, amables, considerados, positivos, alegres y deseosos toma responsabilidad por nuestras acciones.

Filipenses 4:4,8,9:
Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!
Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.
Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.

Lo esencial de la ética del trabajo de un empleado cristiano es laborar honestamente para servir y promover el bienestar de su jefe en vez de promover su propio beneficio. La Palabra de Dios nos alienta a trabajar de corazón como para el Señor y a bendecir y ayudar a las personas debido a nuestro respeto por Él. Luego Dios trae prosperidad y éxito a nuestras vidas.

Podemos ayudar a hacer un cambio positivo en el mundo por medio de trabajar de corazón como empleados creyentes. La Palabra puede prevalecer en nuestro lugar de trabajo, a medida que aplicamos en la práctica las verdades de la Palabra de Dios en nuestra fuerte ética del trabajo.

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